Venirse arriba

 

venirse-arriba

Me gusta mucho esta expresión, más que el llamado «subidónsubidón!». Creo que si la hubiese conocido años atrás sin duda hubiese usado en la disco, cuando nos subiamos en las tarimas – podiums sin miramientos, bailando y dándolo todo. Aún recuerdo como en menos de un metro cuadrado podíamos bailar seis personas sin caernos al suelo… ¿lo has pensado alguna vez?

Bien, hoy os traigo una pequeña anécdota que me pasó ayer, porque las madres también tenemos anécdotas y muchas. Nuestra vida no es tan aburrida como parece, si solo registraramos todas las ocurrencias de nuestros hijos, ya tendríamos para un buen libro.

A lo que iba. 

Ayer por la tarde tenía un antojo descomunal (no estoy preñada) y quería comérme un durum de ternera cuando le dije al pater que antes de llegar a casa (íbamos en coche) me dejara en un bareto para comprar unos durums para llevar a casa. Bajé del coche con la fiera en brazos y fuimos hasta el lugar.

Al llegar el camarero tomo nota de lo que quería. El tío me miraba extraño. Yo iba vestida en plan adolescente: melena al viento, shorts claritos, camiseta estampada y chanclas. Éste es mi look habitual cuando el calor aprieta porque aunque sea madre a veces me doy cuenta que sigo vistiendo como una quinceañera. Por más que me empeño siempre en comprar camisas de mil y un botón siempre acabo sucumbiendo y compro camisetas que no requieren planchado, cómodas y aptas para ir al parque (vamos que sólo me falta vestir a lo decathlon) (necesitaba hacer este apunte).

A todo esto el camarero no sé si en un estado de aburrimiento, enajenación mental o vete tu a saber le dijo a la fiera que estaba abrazada a mi dándome besitos…

«¿Quieres mucho a la hermanita? No?»

Os podéis imaginar la fiera…

«La hermanita está al cotxe!» (dijo en modo bilingüe)

Yo me quedé muy loca mirando al tío

«Su hermanita está en el coche. Yo soy su madre!»

El tipo no supo que cara poner y se quedó más loco que yo. Fin de la conversación.

En fin, todo esto venía porque sí amigas… en aquel momento sentí esa sensación de «venirse arriba!» aunque el tío fuera un panoli feo y quizás más salido que el rabo de un cazo. Por una vez, dejé de ser señora con un niño en brazos!

Madre de dos fieras. Risueña y soñadora con alma de cántaro. Gracias a mis hijos estoy aquí y gracias a vosotros sigo escribiendo. Así que hasta aquí puedo leer que las bios no son lo mío. ¿Te ha gustado el post? ¡tú comenta lo que quieras que yo prometo contestar! y si te apetece comparte, así me ayudas a llegar a más gente ;) Feliz día!

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