Los niños salvajes que habitan en los parques

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Hace tiempo leí unos pensamientos en voz alta sobre los niños salvajes que jugaban en el parque…

Bien, lo que se dice jugar, no juegan… más bien joden de lo lindo! Lo mismo que deben joder sus padres en cada reunión escolar, en el trabajo, con el tutor del niño, con la cajera del súper… menos en la cama, en todas partes!

Son niños que no conocen lo que está bien ni lo que está mal, que «son pequeños» para algunas cosas y básicamente no conocen que quiere decir la palabra tan maravillosa NO. Tampoco saben preguntar «¿por qué?», porque seguramente tienen ese NO como respuesta y ninguna explicación más. El NO infinito es muy duro.

El otro día entramos en un parque que parecía un cuadrilátero, porque nos adentramos en el maravilloso barrio de Gràcia y queríamos un ratito de parque. Mi desconocimiento parqueril pasó factura ya que nada más entrar en aquel miniespacio y dejar a L. en el suelo, automáticamente apareció como una seta… un niño salvaje.

Un niño que se plantificó frente a L. de pie y diciéndole «Tú NO!». Debería tener unos 4 años y sus padres seguramente estarían tomándose unas cañas en la otra punta de la plaza.

Cada vez que L. quería avanzar gateando hacia algún lugar, el niño salvaje le frenaba el paso, poniéndose por encima casi a punto de pisarle las manos en más de una ocasión. Batpapi ni corto ni perezoso, cogió al niño salvaje y lo colocó en otro lugar, pero él seguía erre que erre obsesionado con L.

Nunca me había encontrado con una situación así cuando de repente cogí a L. para tirarlo por el tobogán. Otra vez, como por arte de magia apareció el niño salvaje, colocándome su culo en mi cara y obstaculizando el paso a L. y a dos niñas más. Se quedó allí inmóvil, pasando de todo completamente… «¿Quieres tirarte por favor o nos quedamos aquí todo el día?». Yo directamente lo hubiese estampado sin miramientos porque sinceramente, era para verlo. Las niñas chinas que estaban detrás nuestro esperaban ansiosas su turno y el pequeño dictador allí seguía.

Estuvimos un cuarto de hora y tuvimos más que suficiente.

El padre o la madre que parió al pequeño salvaje no apareció por ninguna parte porque deben ser capitalistas de la cerveza. Yo aún no soy de ese club, pero al paso que vamos, todo llegará!

Madre de dos fieras. Risueña y soñadora con alma de cántaro. Gracias a mis hijos estoy aquí y gracias a vosotros sigo escribiendo. Así que hasta aquí puedo leer que las bios no son lo mío. ¿Te ha gustado el post? ¡tú comenta lo que quieras que yo prometo contestar! y si te apetece comparte, así me ayudas a llegar a más gente ;) Feliz día!

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