Mi segunda hija y la última

Hoy toca escritura automática sin muchos miramientos.

Los segundos pasan demasiado rápidos. A veces miras el reloj y te das cuenta que son las diez y otras que son las siete de la tarde y aún no sabes ni qué vas a hacer para cenar. Entre pitos y flautas se te ha ido el día poniendo lavadoras, jugando a plastilina y encajando whatsapps para no vivir aislada en una cueva.

Los segundos pasan volando, ellos deciden que el tiempo ya no se puede parar y que están aquí para hacernos sentir madres moñas que no piensan en otra cosa más que en parar el tiempo y a la vez desear que pasen los años para dormir del tirón de una puñetera vez.

En este caso, la segunda, mi segunda hija, crece a la velocidad del rayo.  ¡Maldita sea!

Quiero que sea mi eterna pequeña, le miro los zapatos y me doy cuenta que ya le han crecido los pies y otra vez no me he dado cuenta. La dejo en la cuna y quiero a la vez meterla en la cama para que me coja con su manita mi dedo mientras duerme. Miro su ropa, cada día me doy cuenta que hay algo nuevo que no le va y de repente suena una canción en la radio y mueve el culete como una poseída que miedo me da cuando vaya a la disco…

En nada será verano y aún la recuerdo el año pasado con aquellos vestidos pequeñitos, a la teta y gateando. Recuerdo que no quería dejar de darle el pecho porque así perdía a mi bebé… No quería darle sólidos ya no sé si por pereza o porque 6 meses de lactancia se me habían pasado volando.

Hay una cosa clara, cuando sabes que es el último bebé no quieres que crezca, eso es así, temes por guardar su ropa pequeña, saltar de talla de pañal, de tirar chupetes e intentar ver cómo han cambiado sus gestos… Deshacerme de esas pequeñas cosas, me mata pero a la vez me da la vida.

Intentas saltar en la cama, subir escaleras para tirarte por el tobogán, disfrutar en el columpio, pintar con las hojas de las plantas, perseguir palomas, robar juguetes a tu hermano y me doy cuenta que creces tan rápido que no me he dado cuenta. Y a pesar de estar todo el día contigo me doy cuenta que a veces vivo en el pasado y en el futuro y ya no sé dónde está el presente, se me escapa, no sé si es que tengo un problema y no vivo intensamente todos los descubrimientos que me regalas.

Lo más fuerte de todo es que compartes con tu hermano todos esos lugares comunes. Te mueves por casa repitiendo todas las cosas que él hacía y eso me desconcierta aún más. Subes al mismo mueble, tocas los mismo botones, abres los mismo armarios y guardas la misma fijación por según que cosas.

Perdona vidita mía si no quiero que crezcas, las madres nunca nos podemos acostumbrar a ver crecer a nuestros hijos aunque es ley de vida y muy necesario. Si la crianza de un «bebé» durara más tiempo, seguramente estaríamos para que nos encerraran en un manicomio pero hoy es diferente.

Seguiré disfrutando del bebé que tengo aún en casa y que aún no se ha ido.

Merci Vinyet per inspirar-me!

 

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Madre de dos fieras. Risueña y soñadora con alma de cántaro. Gracias a mis hijos estoy aquí y gracias a vosotros sigo escribiendo. Así que hasta aquí puedo leer que las bios no son lo mío. ¿Te ha gustado el post? ¡tú comenta lo que quieras que yo prometo contestar! y si te apetece comparte, así me ayudas a llegar a más gente ;) Feliz día!

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