Maternidad

Día mundial sin tabaco: yo dejé de fumar por mis hijos

31 de mayo: día mundial sin tabaco.

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Yo dejé de fumar. Sí, lo hice y estoy muy orgullosa de ello.

Mi padre era fumador, de los de Ducados, luego se pasó a las Farias. Incluso recuerdo cuando me mandaba al estanco a comprar tabaco y me daba el cambio ¡qué tiempos aquellos! Recuerdo aquel olor a tabaco, de cuando salía a la terraza a fumar, del pestazo infernal.. ¡lo odiaba con todas mis fuerzas! Recuerdo aún a mi madre diciéndole que no fumara, que se quitara la chaqueta que apestaba y mil cosas más. En aquella época de bares y humo, la ropa era un auténtico cenicero…

En toda aquella batalla mi padre tuvo apneas durante el sueño y luego tuvo un accidente que lo mantuvo ingresado en el hospital por un tiempo. Aquella etapa fue bastante negra para mi padre y fue el paso decisivo para dejar de fumar. Y lo dejó y se puso a comer pipas durante un tiempo…. recuerdo perfectamente aquellas montañas de cáscaras de pipas, recuerdo que estaba muy orgullosa de él aunque lo viese con la pierna enyesada. Él había conseguido dejar de fumar en un momento de crisis bastante bestia y eso me hizo ver con el tiempo que era mi ídolo (había fumado durante 30 años por lo menos).

En mi caso el tabaco llegó durante la adolescencia y os podéis imaginar. Recuerdo que nos escapábamos a un parque a fumar de estrangis para probar aquello. Toser en la primera calada y odiar aquel gusto… repetí y me gustó más, sentí que “era mayor”. Aquella sensación de libertad de hacer algo prohibido y de saber que a tu madre no le va a gustar nada.

Me enganché.

Me turnaba con las amigas y comprábamos tabaco para tenerlo bajo llave. Más tarde recuerdo las peleas con mi madre porque quería fumar en mi habitación y ella no me dejaba (no podía negármelo, a mi hermano se lo había permitido). Y así mi madre sufría viendo cómo su hija se intoxicaba bajo aquel mismo techo y yo me daba cuenta de que fumar no molaba tanto. Cuando conseguí que me dejara fumar, a los pocos días decidí que no fumaría en casa. Ya se sabe, las hijas adolescentes son así de majas…

Recuerdo las noches de fiesta y fumarme dos paquetes. Recuerdo la uni y fumar en cada descansillo, en cada espera de bus, en cada café, en cada comida, en cada todo… En la uni empecé a darme cuenta que estaba bastante enganchada y que no me molaba nada la dependencia que tenía con el tabaco. Lo dejé varias veces, lo típico, para año nuevo y esas cosas pero tarde o temprano volvía a caer. Gracias a la subida del precio del tabaco y una ley más estricta me replanteé el vicio. Fumar era un pastizal y mis cajetillas de Camel o Marlboro Light eran sagradas.

* * *

Cuando decidimos tener a mi primer hijo me puse a prueba y decidí dejar de fumar para siempre. Pensé mil veces en mi padre y en lo fumador que era. Me daba pánico el momento “mono” porque sabía que lo echaría mucho de menos pero la excusa era perfecta. Un hijo lo cambiaba todo. Dejé de fumar unos meses y luego nos pusimos al lío (no me preguntéis por qué pero quería hacer limpieza y liberar mi cuerpo de nicotina y mierdas). El embarazo no llegaba y recuerdo que en una noche de feria en el sur la lié negra y al día siguiente me encontraba fatal (estaba embarazada).

Durante todo el embarazo no fumé nada. Además me sentía muy culpable por haberme saltado a la torera mis normas de desintoxicar mi cuerpo. Tuve a mi hijo y durante toda mi lactancia tampoco fumé pero sí lo hice una noche cuando el crío tenía unos 2 años, en alguna salida nocturna de cenita con amigas, celebrando algún cumple…

A día de hoy no fumo. Odio el olor a tabaco en mi boca, en mi pelo, en mi casa, pero si por alguna razón, me fumo un cigarro de uvas a peras me lavo la cara y los dientes casi inmediatamente. Tengo claro es que mi hijo no me verá fumar, no creo que me atreva a hacerlo al menos no hasta que sea mayor de edad. Lo que más me duele es que una persona que ha sido fumadora siempre estará encadenada al tabaco, cualquier excusa será buena para volver a la tentación y es difícil.

Hoy sé que no dejé de fumar por mi, sino que lo hice por ellos, mis hijos. Ellos fueron mi mejor excusa.

Soy consciente que a veces me fumaría un cartón porque la maternidad te somete a un estrés fuerte pero lo he conseguido. No necesito tomarme una cerveza, ni beberme un GT a menudo así que puedo decir que no he buscado sustitutivos…

Así que si yo he podido, tú también puedes. Siempre hay historias de superación personal detrás de cada batalla contra el tabaco y llega un día que tarde o temprano te das cuenta que no pintas nada fumando. Yo tardé más de 10 años en abandonarlo y llevo casi 5 sin humo 😉

Mi opinión es que si quieres ¡puedes!

Pero debes tener claro si lo deseas o no porque la fuerza de voluntad debe ser tremenda ¡ánimos de una madre ex-fumadora! 

 

3 Comments

  • Reply Irene MoRe 02/06/2016 at 00:00

    Mi historia es casi idéntica, sólo que desde que lo dejé en la universidad no he vuelto a fumarme ni un sólo cigarro, pero más que nada porque sé que en cuanto me fume el primero, volvería a fumar.
    Mi chico ha vuelto a fumar después de 10 años sin hacerlo y estoy muy cabreada con el tema, sobre todo por los enanos.

  • Reply Aprendemos con mamá 08/06/2016 at 09:39

    Yo soy el caso “raro” de la casa que no he fumado ni he tenido interés. Y siempre me ha molestado el humo y el olor a tabaco.

    ¡Enhorabuena! Es muy bonito leer que has sido capaz y es un logro precioso

  • Reply Gabriel Ibarra 07/07/2016 at 03:07

    Hace unos días me tropecé con este artículo, una vivencia muy bien contada, la cual me identifica, eso detonó querer contar mi experiencia en el blog. Felicitaciones, bastante inspirador.

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